Entre que teníamos la espinita clavada y que nos "apetecía" hacer vivac, y que queríamos hacer algo gordo antes de mi periodo londinense, la actividad elegida fue una de las que teníamos en el tintero: La travesía integral al Circo de Gredos.
Aunque no lo parezca, poco a poco vamos reduciendo los armarios...
Últimas palas del Morezón
Circo de Gredos desde el Morezón.
¡Cima Morezón!
Continuando la cresta, después del Morezón, el camino pasa a vertiente sur, desaparece la nieve y aparecen las siempre amigables escobas... Un poco de calor y tierra... y pronto estábamos celebrando el regreso a la cara norte, con su espectacular ambiente:
Encontramos una huella, lo cual nos hizo el camino más fácil, por la que casi corríamos, pues ya veíamos cerca los Hermanitos.
El Segundo Hermanito, siempre tan espectacular.
Nada más llegar a la base del Tercer Hermanito, tiramos las mochilas y cogimos los trastos de escalar, pues ya quedaba poco tiempo de luz solar. Pero con lo que no contábamos es que la canal que en verano supone una fácil trepada, ahora estaba nevada... y tras un par de pasitos de la risa, nos encordamos, esperando superar las dificultades en un largo.
Pero llevábamos las cuerdas cortas de 30 metros, y tuve que montar reunión a pocos metros del inicio de vía.
Álex tardó en subir por culpa de un friend que se había abierto del todo y tardó casi media hora en sacarlo...
Para cuando Álex salió para el segundo largo, ya se había hecho de noche y no era muy apetecible la idea de escalar así una vía de autoprotección, así que en dos rápeles, volvíamos estar en las mochilas.
En ese momento es cuando comenzó el paseo para un buen sitio donde montar vivac y pasar la noche, al abrigo del fuerte viento que venía del norte. Cruzamos a la vertiende sur por la canal de los hermanitos, pero no encontramos nada, subimos a la portilla de los machos, a ver si allí había algun buen sitio, y tampoco...
Así que tras deambular un poco por la zona, y ya muy cansados, decidimos bajar a Laguna Grande, donde tendríamos agua, cobijo, y no habría viento. Y con pocas esperanzas y ganas para continuar al día siguiente después de perder tanta altura.
Nuestro campamento al amanecer.
Poco hicimos a la mañana siguiente: derretir nieve para desayunar y para beber, buscar el Sol y recoger con calma, pues ya habíamos decidido volvernos para casa ese día.
El termómetro a las 12 del mediodía...
Ya de vuelta, en Barrerones.
De todo se aprende, y de las derrotas, más. Así que nos fuimos para casa sin ningún pesar, ¡y con muchísimas cosas aprendidas para la próxima!
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